19 mayo 2005

 

La muerte de José Luis

Reproducimos aquí el prólogo que la comisión capitular redactó en 1988 con la publicación de las Estampas Evangélicas de don José Luis:

IN MEMORIAM

Al compañero y amigo entrañable José Luis Rubio Pulido


23 de abril de 1987. Fiesta de San Jorge, patrono de nuestra ciudad de Cáceres. Como todos los años, el Cabildo Catedral de la diócesis había preparado con esmero la celebración de la Eucaristía…

D. José Luis Rubio Pulido,
en perfecta sintonía con el Orfeón Cacereño, dirigido con maestría por Dª Trinidad León Berdión, preparaba la segunda Misa Pontifical de Perosi. Estaba emocionado. Su corazón latía con fuerza peculiar. Daba la impresión de que iba a realizar una obra extraordinaria. Algo iba a ocurrir, que nadie sospechaba.

Y llegó el día esperado. El templo catedralicio vestía sus mejores galas. Las autoridades, como de costumbre, estaban allí pidiendo al Santo Patrón su intercesión en favor de la ciudad. El Sr. Obispo, con el clero catedralicio que le acompañaba como signo de comunión fraterna, abrió la celebración de la Eucaristía. José Luis desde el órgano ponía las primeras pinceladas de estética musical... Las "voces" del Orfeón inundaban la Concatedral. Todo se desarrollaba con sencillez y sublimidad, con profunda religiosidad y vivencia gozosa.

De pronto, una extraña sensación de inquietud recorrió la mente y el corazón de los presentes. Algo ocurría en el "coro". El órgano había dejado de sonar. El corazón de José Luis se había roto. Le emoción le había hecho estallar en una cascada de notas y acordes. Su corazón cansado de latir, pero no de amar y entregarse a diario, se había abierto de par en par para tributar el último homenaje de adoración a la Santísima Trinidad en estas tierras y, de modo especial, ante el teclado del Órgano que tantas veces acariciaron sus dedos, movidos por su mente y maestría, para arrancar de él las mejores notas musicales. Dios lo había llamado de este mundo a su casa. Y lo había hecho allí donde José Luis lo deseaba secretamente en su corazón: interpretando al órgano las glorias y alabanzas divinas. Dios se acercó de puntillas y se lo llevó para que en el cielo continuase contando los misericordias del Señor por todo la eternidad. Dios te miró como buen juglar y trovador, y quiso tenerte junto a El para siempre. ¿Verdad, José Luis, que con los Ángeles del Cielo estarás cantando las alabanzas divinas por toda la eternidad? Dichoso tú, José Luis. Por eso, no te hemos perdido. Te hemos ganado para toda la eternidad. Un hermano sacerdote te acompañó cuando estabas postrado en tierra; ofreciéndote lo mejor: la absolución sacramental y la Santa Unción de Enfermos. El coro de los ángeles cantando las maravillas que hizo Dios en ti, te acogió y te transportó al Reino de los Cielos, donde vives para siempre.

23 de abril de 1988. Fiesta de San Jorge. La ciudad de Cáceres de nuevo se apresura a celebrar a su patrono. Tu Obispo, a quien pocos días antes de tu muerte, le comunicabas tu honda experiencia religiosa -presiento que el Señor me está llamando de este mundo-, tus hermanos de Cabildo, las autoridades de la Ciudad, tus amigos y compañeros de trabajo, tus alumnos ...te recuerdan con respeto y emoción. Sabemos que hoy, cuando vuelvan a sonar las notas del órgano, el Orfeón te recordará y más de una lágrima se deslizará plácida por las mejillas y el corazón de todos ellos se encogerá...Serás un poco como Maese Pérez el organista, que desde el Cielo hará vibrar las notas del viejo órgano de la Concatedral.

Gracias, José Luis, porque nos ayudaste a alabar a Dios; gracias por tu presencia fraterna y cercana; gracias por tus composiciones musicales tan religiosas y hondas; gracias por tu palabra cálida y entrañable; gracias por tu palabra escrita, nacida de lo más hondo de tu corazón creyente y sacerdotal, amasada a lo largo de tus horas de oración y cristalizada en tus clases de religión, en tus homilías, retiros espirituales…

De un modo especial te agradecemos tu última obra Estampas Evangélicas. A través de ellas nos has revelado tu alma contemplativa, mística, orante... Con sencillez y sublimidad nos desvelas los múltiples detalles de la vida de Jesús, tan entrañable para ti, y de María a quien profesabas una devoción filial y amorosa. Agradecemos de una forma especial a tu hermana Carmen y familia la publicación de este libro, que se ha traducido en costearle y ofrecérnoslo como precioso homenaje y obsequio. Gratitud a quienes han colaborado en su edición: a tu entrañable amigo Luis Alonso Ortiz, por su portada; a la hermana Rocha, por sus dibujos; a D. Melquiades Andrés, tu buen amigo, por su presentación, que tú le pediste. Salvo pequeños retoques, hemos querido ser escrupulosamente respetuosos con el original: signos de puntuación, redacción, estilo tan peculiar y directo...

El Cabildo Catedral agradece vivamente el acuerdo y colaboración del Excmo. Ayuntamiento de Cáceres -a instancias de su Comisión de Cultura- en pro de este homenaje, agradecimiento que se hace extensivo a la Institución Cultural "El Brocense" de la Excma. Diputación Provincial, grupos musicales que intervienen, personas amigas que actúan, y pueblo en general que participa. No queremos terminar sin expresar nuestra gratitud al Sr. Obispo que, con agrado y simpatía ha acogido esta iniciativa, y a la diócesis herma­na de Plasencia de donde se incorporó a la nuestra como Maestro de Capilla de la Santa Iglesia Catedral y como profesor de música figurado y de gregoriano de nuestro Seminario.

LA COMISIÓN CAPITULAR

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