Valores para vivir

EDUCAR DESDE EL CORAZÓN

“La mejor palabra de un scout son sus hechos”

 

Si Educar es procurar el desarrollo integral de una persona sorprende que aún hoy muchos educadores fundamenten su acción educativa exclusivamente en la asunción de una serie de contenidos teóricos. Imaginemos que en nuestra vida cotidiana solamente utilizáramos dos de los dedos que constituyen nuestras manos, estaríamos limitando y empobreciendo nuestra capacidad de maniobra y desaprovechando las ventajas que nos aportaría el uso de los otros tres. ¿No resultaría más enriquecedor, útil y sencillo potenciar el desarrollo de todos los dedos a la vez?. El hombre es un ser que piensa, siente, se comunica y sueña; por este motivo, necesita “cultivarse” tanto como relacionarse, conocerse, buscarse o ejercitarse físicamente. Para garantizar el crecimiento adecuado de la persona la educación debe abarcar las cinco áreas (social, intelectual, espiritual, física y afectiva) que conforman la personalidad del ser humano. En la medida en que estas cinco dimensiones estén relacionadas y cohesionadas, el hombre se desarrollará de una forma más eficaz y plena y, en consecuencia, será más feliz.

 

El mejor medio para garantizar un futuro más justo y equitativo para todos es educar en una base sólida de valores humanos. La sociedad necesita unos principios básicos positivos sobre los que sustentar la vida y asegurar la supervivencia de la especie. Hay que “valorizar” el mundo. Pero, ¿dónde buscar esos valores?¿dónde encontrar referentes humanos que dibujen nuevas ilusiones en nuestros niños y jóvenes y potencie en ellos la necesidad de transformar el entorno? ¿Quién procurará dejar este mundo mejor de como lo encuentra si no ha sido educado en ello? Educar para la vida, para el Bien, para el amor desinteresado potenciando las aptitudes y las cualidades que caracterizan a cada persona y el servicio a los que más lo necesitan, es el fin del Escultismo. Los valores scouts enriquecen el espíritu de todo el que sueña con hacer de este mundo un lugar mejor para todos, del que desea sentirse útil, del que procura la igualdad de los seres humanos por encima de cualquier diferencia, del que vive con plenitud cada segundo por si acaso es el último, del que está Siempre Listo dándose sin reservas. El Escultismo es mucho más que un método, es una forma de vida que quien la descubre, la hace suya. Aún no he conocido a nadie que haya sido miembro de un grupo scout y que este hecho no le haya marcado el resto de su vida. El eco de lo aprendido sigue merodeando en sus recuerdos, resoplando en sus oídos al margen del paso del tiempo. Todos llevamos en nuestras maletas las vivencias que nos han enriquecido en nuestra vida, no es fácil olvidar aquello que nos ha hecho soñar. El Escultismo abre camino, ensancha el corazón, es una ventana abierta al mundo, es el regalo de un amanecer en cada Promesa, es un espejo de esperanzas donde al mirarlo uno descubre que un mundo distinto aún es posible. Es la vida pintada de sueños, un sueño alentado de vida.

Cada persona hallará a lo largo de su desarrollo un amplio abanico de posibilidades y experiencias que le permitirán descubrir su propia identidad, definirse, seguir forjando su personalidad. Madurar, crecer implica estar en búsqueda de uno mismo, elegir, avanzar, posicionarse, aprender. La vida es el proceso por el cual nos construimos a nosotros mismos. Estamos siempre en camino, vivir es un aprendizaje continuo. La amalgama de opciones diferentes que ofrece la sociedad actual a veces dificulta que escuchemos con claridad la voz de nuestro “yo” más profundo, pero, es inútil callarla, porque tarde o temprano emerge, despedazando la máscara de la apariencia tras la que a menudo nos escondemos. ¿Qué distancia separa nuestra mente de nuestro corazón? ¿Qué somos realmente?

Somos lo que hacemos, lo que hablamos, lo que sentimos y pensamos. Cada segundo es una oportunidad para dejar entrever nuestras ideas, para educar, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente. Pero, ¿qué imagen tienen de nosotros los educandos? ¿Qué ven nuestros chavales cuando nos miran? ¿por qué temer decepcionarles si somos auténticos?¿Acaso son ciegos?¿Acaso no hay relación entre lo que callamos y lo que predicamos? No se puede enseñar aquello que no se vive. ¿Cómo educar en el amor desde el desamor, en el compromiso desde la irresponsabilidad, en la verdad fomentando la mentira? El amor genera amor; la ilusión, esperanza; el ejemplo, fe. Si nuestros hechos dejan en entredicho nuestras creencias, ¿qué crédito se le puede dar a nuestras convicciones? Los valores no son congénitos; se educan, se viven, se sienten, se contagian. No basta con conocerlos.

Si nos definimos como scouts debemos creer, cuidar, potenciar y respetar aquellos aspectos que conforman la esencia del Escultismo. Quien es scout ama porque el estar al servicio de los demás únicamente puede entenderse desde el amor. Educar es amar y desde el amor sólo puede nacer algo positivo. El amor construye, alienta, transmite, crea... es luz. Educar es guiar, orientar, escuchar, esperar. Quien ama guía. Quien no ama puede utilizar la educación para sus fines, destruir, manipular, coaccionar, coartar o esclavizar. El amor y el ejemplo son los dos pilares básicos de la educación, los dos elementos imprescindibles en la mochila de cualquier scouter. Somos scouts, exploremos por tanto, abramos las puertas del corazón de cada educando a la vida, despertemos un universo de preguntas, de “pistas” para que navegue en su interior, para que se encuentre a sí mismo. Mostrémosle el norte hacia donde los scouts dirigimos nuestros pasos y facilitémosle la brújula que le pueda hacer llegar a él. Pero, sobre todo, guiémosle para que escuche la voz que aguarda dentro de sí mismo. Que elija su camino, que siga la voz de su corazón allá donde le lleven sus pasos. Donde esté su corazón, estará su felicidad, estarán sus sueños. Donde esté su corazón, hallará su horizonte.


Begoña Iglesias Gaspar

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