29 enero 2006

REDESCUBRIR EL EJEMPLO



El tipo más elevado de hombre
es el que obra antes de hablar,
y profesa lo que practica.
Confucio


De nuevo, parece que el ejemplo personal vuelve a estar de moda. Muchos son los pedagogos, directivos, expertos en el mundo de las organizaciones, que vuelven a preguntarse acerca del testimonio, de la coherencia, de las personas que influyen positivamente en otras, de los que ayudan a otros a crecer.

Como educadores scouts, tenemos un reto apasionante con nuestros educandos: ser un ejemplo, un modelo que puede ser seguido por otros. Cada momento de nuestra actividad educativa puede suponer una oportunidad para ser referentes vivos de los valores en que creemos:
a) Ante un plato de comida, en un campamento, ser los primeros en terminar y comérnoslo todo, sin remilgos o exquisiteces.
b) Ante una dificultad o un problema, no mirar atrás y capear las dificultades con optimismo, sin recrearnos en los culpables o dolernos por el esfuerzo que nos espera.
c) Hablando claramente y al corazón de nuestros educandos de nuestras experiencias, nuestras vivencias, y las dificultades que hemos tenido para superarlas, y la satisfacción por haberlo hecho.

No se entiende, por tanto, a tantos scouters que, mientras hablan a sus chicos de los males del tabaco, fuman a escondidas en los campamentos; scouters remolones, mal hablados, o, sencillamente, que no viven aquello que predican. ¿Os imagináis al tutor de una planta que se va torciendo al compás del tallo al que –supuestamente- guía? Siguiendo con el símil, la flojera, el “pensamiento débil”, el adaptarse a la plantita que crece torcida, son conductas nunca han dado fruto, y han hecho fracasar el futuro de muchos niños y jóvenes.

La ACTITUD, palabra mágica, es aquí, de nuevo, la clave de nuestra vida como educadores: El mundo scout está necesitado de referentes claros, educadores que no se vengan abajo, y sean verdadero ejemplo de lo que un día prometieron solemnemente. Y eso solo lo podemos encontrar con una buena formación, una formación scout que esté en manos de personas, no ya que “se crean” el mensaje, en esa desafortunada expresión que pone en duda (“se crean”) la verdad que predican, sino que VIVAN el mensaje.

Es difícil ser ejemplo cuando todos van contracorriente. Por eso tiene mérito el salmón, que sube corriente arriba para poner sus huevos, para dar vida. Los salmones no pueden sobrevivir si no se esfuerzan. Algo así debemos ser los educadores, tratando de luchar contra la comodidad o las “tendencias” (¿quién las marca?, ¿quién las controla?). Junto a nosotros, los padres también deben ser ejemplo, los maestros… Todos debemos evitar que la educación de nuestros jóvenes siga en manos de los medios de comunicación, del pan y circo mediático en el que la moral no existe.

¿Qué ejemplos ofrecen los medios de comunicación a nuestros jóvenes? Personajes mediocres que exhiben su mediocridad encerrados en una casa-plató; jóvenes orgullosos de su vacío interior, de su falta de exigencia, de su zafiedad léxica y de sus pocas miras; ¿qué decir de las noticias o curiosidades que salen en pantalla a cualquier hora, sin ningún criterio? ¿Cree alguien con un mínimo criterio que la profusión de escenas violentas, noticias violentas, palabras violentas y conductas violentas en televisión, videojuegos y teléfonos móviles no está causando una herida irreparable en nuestros niños y jóvenes? Sin una restricción horaria de programación, sin un criterio selectivo de contenidos, sin unas coordenadas éticas, la indigencia intelectual y espiritual de los jóvenes nos llevará, dentro de una generación, de regreso a la selva.

Ayer sábado un grupo de niños agredió a un scout, mientras grababan la escena en sus teléfonos móviles. Esto sucedió en Cáceres, una tranquila capital española. Los niños eran niños absolutamente normales (si nos atenemos a criterios estándares socioeconómicos o familiares). Escenas como esta son permanentes. Quizá los adalides de lo políticamente correcto nos llamen catastrofistas o exagerados, los mismos que defienden el diálogo a ultranza, la laxitud en la disciplina y el todo vale pedagógico. Las críticas nos dan fuerzas para seguir apostando por el reto de poner esperanza y dar ejemplo, y de ofrecer a los jóvenes ejemplos vivos de conducta, ejemplos valientes que saben decir NO.

El mundo scout es uno de los últimos reductos para crear ese ambiente ideal que luego cada niño deberá trasladar a su familia y a su vida. No caigamos en lo mismo que luego criticamos hipócritamente. Seamos ejemplo de una vez por todas. No colguemos la pañoleta hasta el sábado siguiente. Es fácil predicar, lo difícil es predicar con la propia vida.


Carlos Ongallo
Scout University

04 enero 2006

Condecoración al escultismo español

El Consejo de Ministros ha concedido la Corbata de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio a la Federación de Escultismo en España (FEE). El Gobierno considera que la labor de las organizaciones "scouts" que integran dicha Federación es digna de la citada distinción, ya que desde hace décadas realizan una labor formativa y educativa beneficiosa para el país y, particularmente, para los más jóvenes.

El Consejo de Europa ha considerado el año 2005, que ahora termina, como el Año Europeo de la Ciudadanía a través de la Educación. En este contexto, las organizaciones "scouts" de la Federación de Escultismo contribuyen desde hace décadas a fomentar valores ciudadanos sólidos y comprometidos en todos los ámbitos sociales.

Precisamente uno de los fines de la política educativa del Gobierno es fomentar estos valores. La nueva materia de Educación para la Ciudadanía, incluida en la Ley Orgánica de Educación que será aprobada en 2006, persigue la formación de ciudadanos más activos y conscientes de lo que supone formar parte de una sociedad democrática libre y constitucional protegida por un Estado de Derecho.

Recorrido histórico en España

La relación de las Organizaciones Scouts con el Ministerio de Educación y Ciencia (entonces Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes) ha sido siempre muy estrecha. Ya en 1914 una Real Orden reconoció la personalidad jurídica a la Asociación de Exploradores de España. Cuatro años después una orden del Ministerio estableció incentivos para los maestros que colaborasen con estas asociaciones educativas juveniles. Sin embargo, en abril de 1940 una circular de la dictadura dictaminó la supresión de sus actividades.
Tras mantener durante años su movimiento gracias a reuniones clandestinas en pequeños grupos, finalmente en 1974 se constituyó la Federación de Escultismo en España (FEE), aglutinando a Scouts de España – ASDE, Movimiento Scout Católico – MSC y Asociación Catalana de Escultismo. Tras la llegada de la democracia, en 1978 S.M. el Rey aceptó la Presidencia de Honor de los Scouts de España -ASDE. S. M. la Reina Doña Sofia fue "guía–scout" en su Grecia natal.

Más información en la web del Gobierno la-moncloa.es

03 enero 2006

Pedagogía de la Admiración

La pedagogía de la admiración
Alfonso López Quintás
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas


En enero de 2003, cierto telediario de gran audiencia destacó que nos hallamos en el primer aniversario de la muerte, por sobredosis, de la cantante Janis Joplin. Se la elogió como la «reina blanca del blues», y, tras recordar que su vida estuvo entregada a toda clase de drogas, se concluyó que había sido «una mujer totalmente libre».

¿Están preparados los jóvenes actuales para descubrir la forma de manipulación que late en este mensaje? En caso negativo, no están debidamente formados para vivir un momento de la historia tan fecundo y arriesgado como el presente.

En la película de Ingmar Bergman El silencio, una joven le dice, con aire exultante, a su hermana que tiene relaciones íntimas con un extranjero y, por no conocer ninguno la lengua del otro, no pueden hablarse. Un joven actual que oye esto ¿se da cuenta de la actitud adoptada ante la vida y de los riesgos que implica? ¿Podría sentirse contenta si supiera lo que significa alegrarse por no poder hablar con quien se tiene intimidad corpórea? Si no sé contestar estas preguntas, voy por la vida con los ojos vendados y no puedo guiar mis pasos con un mínimo de seguridad.

Esta especie de ceguera espiritual constituye una forma de «analfabetismo de segundo grado», que todos podemos padecer. No saber unir letras y adivinar qué dice un escrito es un modo primario de analfabetismo que debe ser erradicado porque nos deja desvalidos ante la vida. Si sabemos leer y nos hacemos cargo de lo que se nos comunica, somos capaces de informarnos debidamente y saber a qué atenernos en la vida diaria.

Pero, si somos incapaces de penetrar en el sentido de lo que leemos u oímos. Recibimos datos del exterior, pero no logramos descubrir qué significan para nuestra vida. Captamos su significado superficial, pero no su sentido profundo, bien haremos en tomar medidas para superar ese analfabetismo, que nos deja desconcertados en nuestra vida personal y nos impide regir nuestra conducta con posibilidades de éxito.

En los últimos tiempos se ve mucho interés en orientar la actividad escolar de forma que los alumnos aprendan a pensar bien, razonar con coherencia, decidir de modo equilibrado y realista... Este loable propósito no ha tenido siempre el éxito deseado a causa de un puñado de malentendidos. Se pensó, a menudo, que la formación consiste en «aprender» valores y creatividad, y se exhortó a los educadores a consagrar tiempo y esfuerzo a tal forma de enseñanza. Pero la experiencia nos advierte a diario que la creatividad y los valores no se «aprenden»; se «descubren». Por tanto, no debemos los mayores «enseñarlos», sino «ayudar a descubrirlos». Los valores no sólo existen; se hacen valer, proyectan a su alrededor un aura de prestigio.

La tarea del educador consiste en acercar a niños y jóvenes a esa área de irradiación de los valores, sugerirles que hagan las experiencias necesarias para descubrir por sí mismos cómo se desarrollan en cuanto personas y qué grandeza están llamados a adquirir si cumplen las exigencias de su ser personal. Adivinar esta grandeza es la tarea de una Pedagogía de la admiración.

En una entrevista televisiva, un joven de 18 años manifestó: «Hasta hace poco yo era muy feliz. Adoraba a mi madre, admiraba a mi novia, sentía ilusión por mi carrera. Pero me entregué al juego de azar y me convertí en un enfermo del juego, un ludópata. Ahora, ni mi madre ni mi novia ni mi carrera me interesan nada. Sólo me interesa seguir jugando. Estoy atado al juego. Y lo que más me duele es que empecé a jugar libremente y ahora me veo hecho un esclavo».

¿Le explicó alguien, a tiempo, a este desventurado lo que es el proceso de vértigo o fascinación y el de éxtasis o creatividad? Probablemente no. Ni siquiera la psicóloga que dirigió la entrevista aprovechó la circunstancia para darle una mínima clave de orientación. Pudo haberle indicado, simplemente, que su desgracia comenzó al confundir la libertad de maniobra con la libertad creativa.

¿Algún formador le indicó, a lo largo de sus años de estudio, que existen ambas formas de libertad y que confundirlas anula nuestro desarrollo personal y nos lleva al infortunio? Ese maestro hubiera sido un líder auténtico, un guía que ayuda a conocer las leyes del crecimiento personal y dispone el ánimo para admirarse de la grandeza que adquirimos al movernos en la vida con libertad creativa, libertad para realizar algo valioso, aun a costa de renunciar a valores inferiores. El joven mostró, al hablar, una tristeza infinita. De estar allí, gustosamente le hubiera dicho que levantara el ánimo porque le iba a ayudar a descubrir algo decisivo: lo que es la verdadera libertad. Le quedaba mucha vida por delante para disfrutar de tal descubrimiento.

Es muy posible que nadie haya ayudado a la jovencita de la película El silencio a admirar la riqueza del lenguaje auténtico, el que se inspira en la voluntad de crear vínculos personales. No se benefició de una pedagogía de la admiración. De haber tenido esa suerte, no sentiría ahora alegría sino profunda tristeza al recluirse en un silencio de mudez, a fin de no crear vínculos con su compañero ocasional.

Necesitamos poner en juego una pedagogía de la admiración o del asombro, no de la coacción; del descubrimiento, no del mero aprendizaje; de la persuasión, no de la transmisión fría. El que aprende lo que es la vida descubriéndola paso a paso, de forma bien articulada, no sólo acaba sabiendo qué ha de hacer para desarrollarse plenamente como persona sino que está bien dispuesto para transmitir ese conocimiento a otras personas de forma persuasiva y convincente. A veces se dice que no se educa a los jóvenes para ejercer la función de padres. La pedagogía del asombro sería un buen camino para ello.

Este método de formación tiene, como sabemos, un noble abolengo. En la famosa Carta séptima, Platón se niega a hacer el resumen de su filosofía que le pedía Dionisio, tirano de Siracusa, porque, a su entender, el conocimiento filosófico no se obtiene acumulando saberes recibidos de fuera, por significativos que sean, sino adentrándose en el análisis profundo de la vida. Te sumerges durante un tiempo en una cuestión, y, después de bracear largamente con las ideas, surge, como por un relámpago, una luz que ilumina tu mente. Esa luz es la filosofía. (Cartas, VII, 314 c, 341 c, d).

En esta misma línea, el gran filósofo alemán J. A. Fichte indica al lector de una de sus obras que procure descubrir por sí mismo lo que él le dé a conocer. De lo contrario, se quedará fuera del mensaje recibido: «Todo lo que se puede hacer ahora por ti es guiarte para que encuentres la verdad, y a esa dirección se reduce lo que una enseñanza filosófica puede aportar. Pero siempre se presupone que eso hacia lo que el otro te conduce lo poseas de veras interiormente tú mismo, y lo mires y contemples. De no hacerlo, oirías narrar una experiencia ajena, de ningún modo la tuya (...)». (Cf. Sonnenklarer Bericht…, en Fichtes Werke, Walter de Gruyter, Berlín 1971, p. 337)

Si no vibramos personalmente con las realidades que vamos descubriendo –por iniciativa propia o porque alguien nos guía hacia ellas–, no nos haremos cargo de la grandeza que albergan, no sentiremos la íntima emoción que produce lo valioso y no convertiremos el saber en un principio de excelencia personal. En verdad, como bien advirtió Aristóteles, la admiración es el principio de la sabiduría.

Diario Abc, lunes 23 de agosto de 2004

Scout University reproduce por su gran interés este artículo.